Jabón Lagarto: historia de un clásico de los jabones naturales en España
¿Quién no recuerda el famoso Jabón Lagarto? Queremos hacer un pequeño homenaje a este jabón tradicional, que se ha ganado un lugar especial en la memoria colectiva de varias generaciones. Nacido hace más de un siglo, el Jabón Lagarto llegó a ser tan popular que su nombre se convirtió en sinónimo de jabón doméstico por excelencia en los hogares españoles. En este artículo divulgativo exploraremos la historia de esta emblemática marca de jabón natural, sus orígenes, su evolución a lo largo del siglo XX y las razones de su perdurable fama.
Orígenes de Jabón Lagarto: de las velas al jabón
La historia del Jabón Lagarto comienza en el País Vasco, en un momento de grandes cambios. Corría el año 1914 y una empresa vasca dedicada a fabricar velas decidió reconvertirse ante la llegada de la electricidad a los hogares, aprovechando su maquinaria para hacer jabón; así nació el jabón Lagarto. Detrás de este giro empresarial estaban las familias Lizariturry y Rezola, de San Sebastián, quienes contactaron con el químico alemán Peter Krebitz para implantar una de las fábricas de jabón más modernas de Europa en aquella época.
El curioso nombre “Lagarto” surgió de una anécdota en la propia fábrica. Los operarios, temerosos de que la nueva maquinaria tan avanzada pudiera fallar, exclamaban supersticiosamente “¡Lagarto, lagarto!”; finalmente, tras comprobar el éxito del producto, decidieron bautizarlo oficialmente con ese nombre. Desde sus inicios, la calidad del jabón producido disipó las dudas, y pronto comenzó a destacar en el mercado. De hecho, durante la Primera Guerra Mundial, con la escasez de producción en otros países, el Jabón Lagarto se exportó por toda Europa, e incluso se utilizó para limpiar heridas y prevenir infecciones en el frente, algo que seguramente salvó muchas vidas. Este dato refleja la enorme confianza que generaba un jabón cuya pureza y eficacia iban más allá de la limpieza del hogar.
El auge de Jabón Lagarto en el siglo XX
A lo largo de las décadas, Jabón Lagarto se consolidó como un producto imprescindible en los hogares españoles. Su popularidad llegó a tal punto que recibió reconocimientos inusuales: en 1924, el propio Príncipe de Asturias, Don Alfonso de Borbón, realizó una visita oficial a la fábrica de Jabón Lagarto en San Sebastián, señal del prestigio y la importancia que había adquirido la marca en la sociedad de la época. Para entonces, Lagarto ya era un referente en higiene y cuidado personal en España.
Una de las claves de su éxito fue la publicidad innovadora. Ese mismo año 1924, la marca renovó su imagen con un cartel publicitario diseñado por el artista gráfico Pedro Antequera Azpiri, que se volvió icónico. El póster mostraba nada menos que a un simpático lagarto ¡frotando la ropa con jabón en una tabla de lavar!, una imagen llamativa que rápidamente se asoció al producto. Aquella campaña integral en torno al “lagarto lavando” consiguió atraer la atención de todo el país: el cartel clásico de Jabón Lagarto se convirtió en uno de los emblemas de la publicidad española. Gracias a ello, la marca Lagarto logró eclipsar a otras marcas competidoras de la empresa Lizariturry y Rezola en aquellos años dorados.
Durante buena parte del siglo XX, el Jabón Lagarto mantuvo su posición de favorito en los hogares. Se convirtió en el jabón de toda la vida, transmitido de padres a hijos. Incluso mientras la industria de detergentes y limpiadores evolucionaba, Lagarto amplió su catálogo pero sin perder su esencia: además de la clásica pastilla de jabón, la marca lanzó detergentes en polvo, suavizantes, lavavajillas líquidos y otros productos de limpieza bajo el paraguas del nombre Lagarto. Pese a la diversificación, la familiar pastilla verde de Jabón Lagarto siguió siendo la protagonista, simbolizando la confiabilidad de los jabones naturales tradicionales en contraste con los nuevos productos sintéticos.

Un jabón natural multiusos: composición y usos tradicionales
El Jabón Lagarto se engloba dentro de los jabones tradicionales elaborados con ingredientes sencillos y naturales. A principios del siglo XX, la mayoría de familias elaboraban jabón casero reutilizando grasas animales o aceites usados de cocina, obteniendo un jabón tosco que se empleaba para todo tipo de tareas de limpieza. La llegada de Lagarto supuso una mejora enorme: gracias a los avances químicos de la época, este jabón ofrecía una calidad muy superior y servía para múltiples usos sin ser tan agresivo como los jabones caseros rudimentarios. Desde sus primeros anuncios, la marca presumía de pureza garantizada y recomendaba su jabón para lavar incluso tejidos finos como sedas, encajes o lanas, destacando su suavidad y eficacia para ropa delicada.
En cuanto a su composición, a diferencia de otros jabones naturales más simples (como el jabón de Marsella, elaborado solo con aceite de oliva), el jabón Lagarto incorporaba una variedad de ingredientes. Su fórmula tradicional podía incluir grasa de oliva, aceite de coco y glicerina, a los que se sumaba sodium tallowate (sebo de origen animal) como componente de saponificación. Con el tiempo, también se le añadieron algunos aditivos para potenciar sus propiedades limpiadoras, como aroma de limón o incluso un toque de piedra pómez, además de colorantes o fragancias que le daban su clásico tono verdoso y olor característico. Esta combinación le otorgaba un gran poder desengrasante y quitamanchas, aunque significa que no sería un producto vegano estrictamente hablando debido a la presencia de sebo animal.
La gran virtud del Jabón Lagarto siempre fue ser un jabón multiusos. En una sola pastilla reunía las funciones de muchos limpiadores actuales. Entre los usos tradicionales más habituales del Jabón Lagarto destacan:
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Lavado de ropa: célebre por eliminar manchas difíciles. Era común mojar la pastilla y frotarla directamente sobre cuellos, puños y áreas manchadas de las prendas antes de aclararlas. Su eficacia quitamanchas en ropa cotidiana está sobradamente probada.
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Limpieza de vajilla: gracias a su fórmula, disolver un poco de jabón Lagarto en agua caliente permite dejar platos, ollas y sartenes sin grasa y relucientes. Antes de los detergentes líquidos, muchas cocinas españolas lo usaban para fregar los platos a mano.
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Aseo personal: aunque hoy nos parezca fuerte para la piel, en épocas de escasez se utilizó para el baño y la higiene personal. Su contenido en glicerina le daba cierta suavidad, y al ser un jabón 100% biodegradable y sin detergentes sintéticos, resultaba más seguro que otros productos químicos de limpieza. Mucha gente recuerda el olor del Jabón Lagarto en el lavado de las manos o incluso en el baño de toda la familia.
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Limpieza general del hogar: un trozo de jabón Lagarto disuelto en agua era (y es) un excelente friegasuelos natural. Se empleaba para fregar suelos de baldosas, limpiar encimeras, azulejos, baños e incluso para el lavado de coches, gracias a su capacidad espumante y desinfectante. Su versatilidad lo hacía valioso para cualquier tarea de limpieza doméstica.
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Otros usos curiosos: el ingenio popular le encontró aplicaciones añadidas. Por ejemplo, como insecticida casero: diluyendo virutas de jabón Lagarto en agua y rociándolo, sirve para combatir pulgones y otras plagas en las plantas del jardín. También se ha empleado para aliviar irritaciones de la piel – hay quienes aseguran que es beneficioso para afecciones como la psoriasis – y para lavar y desinfectar pequeñas heridas o rasguños en ausencia de otros desinfectantes.
En efecto, a lo largo de los años se le han dado todo tipo de usos a este jabón. Muchas personas mayores todavía lo recomiendan para la piel (afirmando que puede ayudar con problemas dermatológicos como la psoriasis) y recuerdan haberlo usado como remedio contra insectos en las plantas o para limpiar cortes y evitar infecciones. Estos usos alternativos, transmitidos de generación en generación, demuestran la confianza depositada en la naturaleza y sencillez de su fórmula.
El legado de Jabón Lagarto en la actualidad
Después de más de un siglo, Jabón Lagarto sigue muy presente y mantiene su esencia. La marca ha logrado sobrevivir a los tiempos modernos adaptándose sin perder su identidad. Hoy en día, Jabón Lagarto continúa fabricándose en España bajo la empresa Euroquímica, que asumió su producción en las últimas décadas. No todo ha sido un camino de rosas: la empresa ha enfrentado crisis económicas e incluso estuvo al borde de la quiebra a inicios de los años 2000, pero logró salir adelante gracias a nuevas inversiones y a la fidelidad de sus consumidores históricos.
En 2024, Jabones Lagarto celebró su 110º aniversario, todo un hito para una marca centenaria. A día de hoy, además de las pastillas de jabón tradicionales, la compañía ofrece productos como escamas de jabón para la lavadora, jabón en pasta especial quitamanchas, detergentes ecológicos y otros limpiadores inspirados en la filosofía Lagarto. Sin embargo, la clásica pastilla verde sigue siendo el emblema de la casa. Ese jabón de nuestra abuela de toda la vida se ha acabado convirtiendo también en el jabón de los nietos, trascendiendo generaciones. En plena era de retorno a lo natural, el Jabón Lagarto mantiene su vigencia como un símbolo de los jabones naturales de antaño: eficaz, sencillo, ecológico y cargado de historia. Su perfume nostálgico y su versatilidad siguen encontrando un hueco en hogares que buscan una limpieza auténtica y tradicional, confirmando que un buen producto nunca pasa de moda.
Y por supuesto os invitamos a conocer nuestra sección de jabones artesanales y ecológicos, un paso mas en la evolución de la historia del jabón natural en España ¡que tengáis un buen día!

















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